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domingo, 19 de febrero de 2017

Cocina aragonesa ¿saludable?



“Fraga, a pesar de ser una población de frontera, ha conservado sus costumbres.  Por ejemplo, en su indumentaria y en su propia lengua, el chapurriau”.  Así de contundente arranca la presentación de la receta del Coc de Fraga incluida en el libro “Cocina Aragonesa Saludable”, editado por El Periódico de Aragón.

A la vista del texto cualquiera puede deducir que esta publicación tiene tan poco de periodismo como de Aragón, habida cuenta que la autora de tamaño texto desconoce tanto el territorio aragonés como la lengua castellana.  Y es que su autora, Marian Rebolledo, se ha venido arriba.

Basta dar un paseo por el diccionario de la RAE (edición on line para consultar gratuitamente, no hace falta comprarlo) para descubrir el significado del verbo “chapurrerar”:

Chapurrear: hablar una lengua con dificultad y cometiendo errores.

Querida Marian:

Hace tiempo que me afeito el bigote y por tanto manejo con bastante soltura dos idiomas, ambos propios de este pueblo aragonés que vos definís como “de frontera”.  Quiero decir que no chapurreo nada, tan solo hablo castellano y catalán, ambos hablados dentro de la Comunidad de Aragón y ambos con las particularidades y localismos propios de todas las lenguas.  Si usted conociera Aragón lo sabría y si conociera la lengua castellana también sabría lo que está diciéndonos.  No tema por esa frontera, las fronteras con cosas de políticos, las personas de a pie nos manejamos con otros parámetros por ejemplo, el de hablar una lengua, no chapurrearla.

sábado, 4 de febrero de 2017

VELL, GRAS I FUMETA



Estos dies ha eixit a les notícies un comunicat de la SEO que, contra tot lo que pugue parèixer, no és ni una associació ecologista, ni una construcció catòlica, si no que és tracta de la “Sociedad Española de Oncología”.  Bé, eix comunicat diu que hem superat totes les previsions fetes en quant a incidència del càncer, és a dir, que hi ha més casos diagnosticats d’esta malaltia dels que preveien que hi hauria en les hipòtesis més pessimistes.  Fins astí tot sembla bastant objectiu, però ara bé, quant assoma la pateta la versió més truculenta del neoliberalisme, aquella que ens culpa individualment de les seues malifetes la cosa se complica una mica més.
Diuen com a conclusió de l’estudi, que la culpa de tot eix increment la tenim nosaltres, perquè mengem molt malament, fumem i ens fem massa vells.

I és que jo ja estic fins als d’allonces de sentir la mateixa matraca per part de polítics, empresaris i persones que mouen los fils del sistema que ens envolta, però veure a tota una societat científica culpabilitzant al comú dels mortals m’ha convertit en la xiqueta de l’exorcista.  Porto una setmana que no faig més que traure riades de vòmits verds per la boca i que lo cap me gira com si fos un cotxe perdut a un rotonda.  No importa que hi hagi una quantitat ingent de dioxines alliberades a l’atmosfera.  Importa un pito la quantitat d’agrotòxics que acompanyen fruites, verdures i cereals de la nostra alimentació diària; dona igual la contaminació ambiental produïda per la gran quantitat d’avions que sobrevolen la nostra atmosfera.  Que més dona que los productes alimentaris facin absurds desplaçaments a major glòria del benefici empresarial.  Tampoc és important la gran quantitat de residus radioactius que ens envolten, conseqüència directa de les absurdes centrals nuclears i les guerres agon, un i altre camí, no paren de llençar-se bombes de l’anomenat urani empobrit.

I així podria estar pàgines i pàgines descrivint aquella gran quantitat de coses cancerígenes que ens envolten de les que la SEO s’ha oblidat deliberadament, perquè així, a l’imaginari col·lectiu lo que queda és que totes estes coses no tenen importància, ja que no trobem persones mortes pel carrer per haver menjat un enciam carregat de químics, però resulta que sí trobem estudis que amaguen una realitat de la pitjor manera possible: culpabilitzant-nos de la nostra desgràcia.

No, potser soc gras, vell i fumeta, però no me deixo enganyar tant fàcilment.

jueves, 19 de enero de 2017

De película



Hoy he escuchado que para escribir una buena historia no hace falta más que: una chica guapa, un gran coche y una pistola.  Así que me he dicho:

—     Vamos allá.

Llevamos cuatro horas de viaje por esta maldita carretera del medio oeste y ya no aguanto más.  Hace birujillo y, Ella, se ha empeñado en andar con el coche descapotable porque “así queda más cool”.  ¡Coño, y tan cold que queda, como que me estoy jodiendo de frío!  Para colmo en la guantera llevamos metido un Smith & Wesson 610 y estoy cagado de miedo.  En mi cabeza danzan imágenes de detenciones no exentas de violencia policial y juicio sumarísimo por tenencia ilegal.  Cárceles inmundas donde sufrir vejaciones y morir de una paliza o martirizado en una celda de aislamiento.

—     Cariño— le digo a ella— deberíamos parar a poner gasolina.

Aunque sé que se trata de una vil excusa para deshacerme del revolver, ella me contesta:

—     De acuerdo, yo necesito comprar chicles y tabaco.

Llegamos a la gasolinera, riño con el cajero automático, tiro parte del combustible por el suelo y me dirijo al lavabo a tratar de poner orden a tal desaguisado y, así entre tú y yo, a abandonar el arma en el interior de la cisterna del retrete y a decirle a Ella que ya he acabado de repostar.  La veo charlando con un tipo fornido, así que me dirijo al servicio de caballeros con la finalidad que he explicado.  Me meto en el cubículo y descubro que, ¡maldita sea la modernidad!, la cisterna está empotrada en la pared.  Salgo del urinario jurando en arameo.  Me acerco a la estantería de patatas con sabor a berberecho y decido esconder el arma detrás de las bolsas.

—     ¡No la encontrarán jamás! 

La busco a Ella y no la veo.  Salgo tranquilo de la tienda y me dirijo al coche, pero también ha desparecido.

—     ¡Mierda!  Y ahora,, ¿qué hago yo tirado en el medio oeste sin chica, coche, ni pistola?— me digo con cierto tono de alegría, más que nada por el peso que me acabo de sacar de encima.

Bueno, en realidad estoy en el medio oeste de España, lo que viene a ser Soria, así que pregunto en la gasolinera si para por aquí el autobús de la Alsina Graells.  El dependiente de la tienda me indica que sí, que a unos doscientos metros hay una parada y me anima a llevarme una bolsa de patatas de sabor a berberecho para el viaje.  Declino la invitación, pero compro unos caramelitos de menta para el viaje que me llevará de regreso a casa, ya curado del susto.

Si es que esto del coche, la carretera, la Smith & Wesson y la chica no es para mí y parece que tampoco para contar historias.  Seguro que no hay ninguna en la historia de las historias que se han contado jamás que haya funcionado con estas premisas…  ¿O sí?