Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de mayo de 2021

Diez de quince

 

Me dispongo a realizar un análisis desordenado con hilvanación caótica, debido a dos cuestiones fundamentales: por un lado, mi falta de estudios superiores que me incapacitan para manejar los mecanismos de construcción de reflexiones profundas, y por otro mi pereza infinita para organizar cuatro notas previas sobre aquello de lo que quiero escribir.  Así que si estás en disposición de sufrir, continúa leyendo, sino… ha sido un placer contar con tu breve estancia en esta mi humilde opinión.  Hasta pronto.

 

La cuestión que quiero tratar es el decimo aniversario del 15M, desde mi perspectiva particular, que no tiene porque coincidir con la de los medios más estridentes.  Ni tan siquiera tiene que coincidir con la visión que tú tienes sobre esos hechos, pero creo que merece la pena volver la vista  atrás, sin ningún amago de nostalgia, para ver que sucedió y tratar de entender qué narices está sucediendo y cómo ha sido la evolución de los acontecimientos y si ese molesto movimiento tiene algún tipo de responsabilidad en todo ello.

 

Como todo movimiento que se precie, el 15M no surge como una seta tras una lluvia de otoño.  En realidad, es un movimiento que se venía gestando desde mucho tiempo atrás auspiciado por las asambleas de parados (con muy poca resonancia mediática.  ¿A quién importaban los parados en medio del sueño inmobiliario?), el accidente del Prestige y la prepotencia con que se trató desde el gobierno y los medios de comunicación más agradecidos.  Las manifestaciones contra la guerra de Irak, el incipiente movimiento contra los desahucios y por el acceso a la vivienda, y un sinfín de “líos de gente” que de manera progresiva iban tomando conciencia del poder que tenían al alcance de la mano.

 

Así el estallido no arrancó tras una manifestación, sino que fue una consecuencia lógica de un largo recorrido y del estallido de la burbuja inmobiliaria que acompañaba a la última crisis capitalista mundial.  Aquello de gente sin casa, casas sin gente, parados por doquier y el cierre definitivo de lo que llevaba cierto tiempo moribundo: El Estado del Bienestar.

 

Fue una revuelta eminentemente urbana que se visualizó con las acampadas en las plazas emblemáticas de las ciudades.  Unas acampadas que se hicieron sin el pensamiento previo y paralizante ese, que pregunta de dónde vamos a sacar el dinero para tal o cual cosa.  Simplemente había algo que hacer y se hizo.  Las pancartas eran cartones pintados.  Los dormitorios tiendas de campaña o simples chamizos construidos con improvisación e imaginación, como se hacen las cosas buenas.  Lemas antiguos y lemas nuevos que removieron conciencias, que reportaron apoyos de toda clase.  Bueno de toda clase no, solamente de la clase obrera, la que realmente estaba allí debatiendo sobre sus problemas reales, su cotidianidad más cercana.  Huyendo de discursos elctoralistas o de cariz parlamentario (entendido parlamentario no como el que emana del habla sino como el que emana del parlamento donde habitan los políticos profesionales).  Porque cabe recordar que, durante los primeros días de la revuelta, los medios de comunicación del poder se esforzaron por denostar ese movimiento tachándolo de violento, de “desrrapados” y descalificando su capacidad para la organización, destacando incluso la suciedad que los acompañaba y el malestar que causaban a los “vecinos”.

 

Las reacciones por parte del poder tampoco se hicieron esperar.  Así pues, con la vil excusa de un partido de fútbol, el Conseller d’Interior Felip Puig ordenó la carga policial sobre las personas indefensas y pacíficas de plaça Catalunya, con la finalidad de “evitar males mayores”, pero la jugada no le salió bien.  Por primera vez se había producido una ruptura con la Cultura de la Transición y el lenguaje había virado hacia una concepción más saludable de lo que es la libertad, la democracia y, sobre todo, la violencia.  Creo, sinceramente, que este fue uno de los mayores logros del movimiento, el cambio de paradigma y la comprensión generalizada del uso torticero del lenguaje que llevaba demasiado tiempo marcando unas reglas del juego perversas.

 

No todo lo que hicieron me parece fantástico.  De hecho, la principal crítica que planteo sobre el movimiento es precisamente su carácter urbano que llevó a concentrar su fuerza, lo que a mi modo de entender las luchas es un error.  Considero que resulta mucho más fácil controlar a una gran masa de manifestantes en un único sitio, que a pequeños grupos de manifestantes en muchos lugares.  Creo que el propio movimiento así lo entendió hacia el final de su estancia en las plazas, por eso decidió extenderse con trabajo en los barrios y en los entornos rurales.  Es posible que pecaran de un exceso de optimismo, llevados por el gran éxito conseguido en tan poco tiempo y que no contaran con la capacidad de reacción del poder frente a los movimientos de disidencia.  Una vez agotada la vía de la violencia institucional por impopular se atacó la vía del silencio.  De dar únicamente voz al electoralismo que debía manar de toda pretensión de cambio.  Así estuvieron reclamando partidos de uno y otro pelaje que “si no estaban contentos con el statu quo (obviamente ningún político utilizó esta expresión), pues que crearan un partido, ganaran unas elecciones y cambiaran las cosas, y eso es lo que se fomentó con el impulso que se dio a Pablo Iglesias y su posterior formación política.  ¡Ojo!, no quiero que esta reflexión sirva para alimentar la “pablofobia”, no estoy señalando al político ni a su formación como culpables de la invisibilización del movimiento, simplemente detallo que acabaron convertidos, probablemente pese a ellos mismos, en los actores necesarios del cambio de escena que deseaba el poder, es decir, poder hablar cara a cara con quien se dice representante de un movimiento que, precisamente, se desgañitaba en decir que no tenían representación de ningún tipo.  No sé si recordarás las entrevistas en algún medio radiofónico en que la persona entrevistada como representante de tal o cual plaza, o del movimiento 15M, se negaba sistemáticamente a facilitar su nombre, con la finalidad de no desvirtuar esa representación.

 

Así pues, reducida la clase obrera a un mero actor del arco parlamentario, poco o nada importaba el trabajo que desarrollaba el activismo desplegado en barrios, pueblos y aldeas.  Directamente pasaron al olvido y a la frustración de caer de los cielos de la gloria, al infierno de la militancia.

 

Es cierto que por un breve espacio de tiempo se consiguió un sueño de ruptura con el Régimen del 78, pero ese sueño se vio truncado por la potencia de los medios de comunicación (principalmente la televisión) al servicio del poder.  También se vio truncado por lo que debía ser su fortaleza y es la falta de bagaje previo de muchas de las personas implicadas en el proceso.  Lo que le dio frescura y credibilidad, acabó siendo una parte de lo que frustró su recorrido.  Porque la lucha es dura, desagradecida y aburrida y puede desanimar a cualquiera.

 

Pero no todo lo que surgió en las plazas murió en las plazas.   El pasado nunca acaba siendo simplemente pasado, siempre forma parte, de una u otra manera del presente y del futuro.  Por eso creo sinceramente que la gran lección que aprendimos con la práctica del 15M fue que si los debates y las reflexiones, somos capaces de disociarlos de conceptos partidistas y electoralistas, seremos capaces de entendernos en aquello que nos afecta en nuestra cotidianeidad y no en lo que los medios se empeñan en vendernos como cotidianeidad, y podremos volver a soñar que otro mundo es posible.  Un mundo en el que quepan  muchos mundos.

jueves, 12 de noviembre de 2020

De sacrificios y pandemias

 Así como Yahvé le pidió a Abraham que demostrara su fe en Él sacrificando a su hijo (aunque luego el Yahvé recogiera carrete y le dijera, cual despiadado especista, que con que sacrificara un corderito ya le valía).  Así como los antiguos griegos sacrificaban cien bueyes en sus famosas hecatombes a mayor gloria de los dioses.  Así como los antiguos romanos ofrecían en sacrificio a vírgenes y prisioneros.  Así como los mayas sacrificaban a prisioneros y niños a mayor gloria de los dioses.  En definitiva, así como las diferentes culturas imperialistas de cultura patriarcal han ofrecido sacrificios a sus dioses, nuestra sociedad, la sociedad neoliberal, la sociedad mercantilizada, el capitalismo que vivimos, ha ofrecido en sacrificio a la juventud para mayor gloria del capital.  Y lo ha hecho señalándolos como los casi únicos culpables de la proliferación de los contagios a consecuencia de la Covid (alerta, este texto contiene información Covid19.  ¿Desea continuar?)  Porque de manera machacona se insiste una y otra vez en que los jóvenes hacen botellones, se pasan porros, se besan, van sin mascarilla y ¡nos quieren matar a todos!  Pero este pensamiento no se transmite directamente, sino que se repite de forma velada y machacona hasta que, como si se tratara de un proceso osmótico, acaba insertado en nuestro pensamiento y, a partir de ahí, ya tenemos barra libre para cargar contra esa casi clase social que es la juventud y, claro, si cargamos contra la juventud es más fácil que nos despistemos de lo esencial: produce y consume.

 

Una pequeña reflexión:  si las muertes directas por accidente de trabajo en 2019 fueron 695 y los accidentes no mortales con baja laboral fueron 635.227, ¿de verdad creen que los puestos de trabajo, por arte de birlibirloque, se han convertido en lugares seguros para no contagiarse la Covid?  ¿En serio?  ¿A quién tratan de convencer de que se puede morir en el tajo pero no contraer Covid?  Porque resulta que ahora, la solución para acabar con la pandemia pasa por ir a trabajar, al centro comercial y encerrarse en casa para consumir Amazon, Aliexpress, Netflix o Movistar.

 

Cierran mercadillos o reducen los aforos.  Claro, todo el mundo sabe que al aire libre es peligrosísimo el tema de los aerosoles y los contagios (sarcasmo), no como en los centros comerciales y grandes supermercados donde se juntan, en un espacio cerrado, decenas de personas para autoservirse los productos que compran, o lo que es lo mismo, para comprar un paquete de macarrones que han tocado unas quinientas personas antes que tú.  Si por lo menos se hubieran cerrado las grandes superficies y permitido únicamente el comercio en el que te sirven el producto…

 

Toques de queda a las once de la noche.  Así nos vamos a dormir bien pronto y al día siguiente estamos frescas como rosas para seguir siendo productivos.

 

Cierres a las ocho de la tarde para actividades no esenciales.  Así acabamos con el activismo militante limitado por las reuniones limitadas a seis personas y por los horarios de las personas trabajadoras que se ven imposibilitadas de militar por falta de tiempo material.  Solamente pueden reunirse en espacios cerrados de centenares de personas para trabajar, pero no para reclamar justicia social.

 

Imposibilidad de desarrollar una cultura alternativa a la oficial, única declarada segura frente a la Covid.  ¿Será la subvención o el control, cuando no organización institucional, lo que crea defensas frente a la pandemia?

 

En fin, que no estoy dispuesto a sacrificar a nuestra juventud en pos del capital ni a convertirme en una mera máquina de trabajar y consumir.  Cabreado me tienen.

domingo, 10 de mayo de 2020

Funcionarios


Independientemente del color de gobierno de turno, uno tras otro, absolutamente todos han jugado la baza de los funcionarios con frases tan del gusto popular como: son unos vagos, se aprovechan de que no los pueden despedir, no sirven para nada, hay demasiados, cobran mucho, es insostenible mantener una administración tan hinchada y un largo etcétera de eslóganes, estos sí, de corte populista.

Así las cosas, un gobierno tras otro ha usado el comodín del funcionario para decir que aplicaba recortes para “ahorrar dinero de todos los españoles”, que es como el chocolate del loro, que, por si alguien no lo sabe, consiste en, recortar los gastos de casa, dejando de dar chocolatinas al pobre loro.

Estos recortes han consistido tanto en pérdidas de pagas extras (cierto que después se abonaron, con la consiguiente disminución de ingresos debido a la inflación) en congelaciones salariales, año tras año, recortes en días de descanso y, lo más peligroso, en la no reposición y, como les gusta decir a los políticos, la amortización de las plazas vacantes; esto es, cuando alguien se jubilaba, no solo no cubrían la plaza, sino que la eliminaban.  Todo esto aplaudido por la masa enfervorecida que descargaba su impotencia sobre la propia clase trabajadora, que, lo creas o no, es lo que acabamos siendo lxs funcionarixs.

Nuestras reivindicaciones, cierto que tibias en algunos casos, eran vistas como una pataleta de una clase privilegiada, pero nada más lejos de la realidad y esta crisis ecológica, sanitaria, social y económica nos está dando la razón a quienes íbamos más allá de la mera oposición a la pérdida de ingresos.  Realmente lo que veíamos y lo que se estaba reivindicando era que no se renunciara, por parte del Estado, a la capacidad de atender las demandas de la población como merecen.

El adelgazamiento de la administración, perdón.  El adelgazamiento de la masa trabajadora de la administración (la clase política no ha sufrido nunca estos ataques, ya que nadie es tan idiota como para legislar en su contra) ha tenido como consecuencia que estuviéramos trabajando siempre al límite de nuestras capacidades, es decir, con lo justo para ir tirando.  En el momento en que ha aparecido un problema de calado es cuando ha emergido la realidad del colectivo laboral de la administración y no solamente el sanitario del que tanto se ha hablado.

En realidad, el que no puedas recibir el pago del ERTE que necesitas sí o sí, se debe a la carencia del personal necesario para llevar a cabo la labor que se demanda.  Porque cada vez que aparece el presidente o el ministro de turno a anunciar una nueva prestación, no está escribiendo una carta a los reyes magos, o no debería creer que lo está haciendo, lo que realmente está proponiendo es movilizar a un colectivo de personas trabajadoras que han de llevar a cabo la tarea de que recibas esas prestaciones en tiempo y forma.

De poco sirve, ahora, aumentar la contratación de personal laboral de refuerzo, puesto que el desempeño de la tarea requiere de una formación y una profesionalización que no se adquiere en unos pocos días, necesita recorrido como en cualquier trabajo mínimamente especializado.

Así que cuando te alegres por los recortes que sufrimos lxs funcionarixs, piensa que en realidad somos empleadxs públicxs y por tanto trabajamos para ti, o sea que de lo que te estarás alegrando es de recibir un nefasto servicio por parte de quien debe prestártelo.

Conste que entiendo el enfado que te puede producir el topar con el muro de la administración en determinados momentos en que esperas que te responda, y que la cara visible de ese muro seamos lxs pringadxs de turno que estamos frente a ti.  Con eso bregamos todos los días y lo tenemos más que asumido.  Pero no puedes olvidar que mereces una administración que pueda tramitar y ofrecerte un servicio de calidad y justo.  No debes dejar que te expongan a una administración incompetente y carente de recursos, porque sin buenas personas profesionales y que pueda gestionar escrupulosamente su trabajo vas a quedar en desamparo.

Tampoco el discurso de la privatización de determinadas áreas o prestaciones contribuye en absoluto a hacer el trabajo eficaz.  A lo único que contribuye es a que alguien se lucre con lo que debería ser público y utilizará cuanto esté a su alcance para ganar más y más dinero.  Basta echar una mirada a lo sucedido en las residencias de ancianos o en los hospitales.  Pero sin tener que recurrir a esos ámbitos, hay otros ejemplos que puedes conocer muy bien, me refiero a las bajas gestionadas desde las mutuas o los ceses de actividad de los autónomos también gestionados por estas entidades sin, supuestamente, ánimo de lucro.

No permitamos que la incompetencia de los políticos se cubra con la privatización de la administración pública.  No permitamos, bajo ningún concepto, la pérdida de calidad de los servicios públicos.  Peleemos ahora y siempre por unos servicios públicos de calidad y, añadiría, autogestionados.  Mereces, merecemos, que nuestros derechos no se vean mermados por la precariedad laboral y el falso ahorro.  No podemos permitirnos el lujo de renunciar a lo nuestro, a lo que nos pertenece porque lo pagamos entre todxs y porque es la forma más justa y solidaria de facilitarnos el apoyo mutuo necesario para tener una vida digna.  Y, sobre todo, porque lo público es, o debe ser, un bien social y no un bien lucrativo que es lo que, la final, representa la iniciativa privada.

martes, 8 de octubre de 2019

Mi querida utopía


Casi a diario me encuentro con personas que son fervientes defensoras de la democracia burguesa (o liberal capitalista, como queráis llamarla) o del comunismo de estado, que no dudan en poner en cuestión mis ideas, en tanto en cuanto las consideran irrealizables.

Aunque es verdad que no suelo pedir opinión en cuanto a mis ideas, no dudan en facilitármela, lo que es una metáfora de lo que realmente significa que el anarquismo, en cualquiera de sus formas, es una forma de organización social “irrealizable”.

Digo esto porque está más que demostrado que el anarquismo es completamente factible, lo que ocurre es que el Estado en cualquiera de sus formas está empecinado en que esto no sea así.  Prueba de ello fue en su día la destrucción de las colectividades en España en mayo de 1937, ejecutada al calor del estalinismo, en nombre de un supuesto orden.  Curiosamente es el mismo argumento que utilizaron y utilizan, aún hoy en día, los fascistas para justificar el golpe de estado contra el gobierno de la república y el genocidio posterior.  “El orden”.

También es una prueba diáfana, la represión desatada contra Ucrania por parte del ejército rojo, a las órdenes de Trotski, que en 1921 acabaron con el sueño anarquista de las comunas de Ucrania.

Sucedió en Manchuria, que en 1932 dijo adiós a la Comuna de Shinmin gracias a chinos y japoneses que, pese a guerrear entre ellos llegaron a un objetivo común, destruir cualquier atisbo de sociedad anarquista.

Hay numerosos ejemplos en los que se nos ha aplastado y el más reciente es el que está sucediendo ahora mismo frente a nuestras narices.  Mientras se discute que si el Brexit, que si la sentencia del Procès, que si las elecciones, que si Trump; precisamente Trump ha dado vía libre a destruir el sueño de una sociedad construida por mujeres.  Para ello se sirve, como han hecho siempre, de un tirano como Erdogan, que no duda en emprender una guerra contra lo que es, una vez más, la plasmación de lo que llaman utopía en una realidad de sociedad construida desde abajo.  Una sociedad que ha derrotado al Estado Islámico y cuando ha acabado con el trabajo sucio, como ha ocurrido históricamente, quieren destruirla.  Para ello utilizarán el armamento; para matar, mutilar y violar; pero una vez acabe la destrucción física llegará la hora de inventar un relato de destrucción moral.  Un relato como ese que me trasladan a diario de utopías y caos.

viernes, 4 de enero de 2019

Simplificación o la cultura del esfuerzo


Estoy convencido de que la construcción de una ideología no se puede hacer a golpe de slogan, sino que debe abarcar una reflexión más profunda y de más largo recorrido, y tampoco es un proceso que podamos ni debamos abarcar en solitario.  Es más, cuantas más personas participen en la construcción mucho mejor.  Podríamos decir que los fundamentos de una opinión deberían ser grupales y no individuales, ya que esto configura un desarrollo de pensamiento que recoge puntos de vista diversos.

No hay que olvidar la lectura, a ser posible de teoría política, sea esta de mano de pensadoras o de divulgadoras o de sus diferentes interpretaciones y, a ser posible, siempre acompañada de una reflexión conjunta.

Este desarrollo puede sonar sectario, pero nada más lejos de esta afirmación.  Se trata en realidad de todo lo contrario.  La puesta en común no es para reafirmarnos en nuestro pensamiento sino para hacerlo crecer.  De hecho, es más que recomendable que en ese contexto, que podríamos llamar de confort, surjan las discusiones más encarnizadas y las palabras más gruesas, si el tema lo requiere, para poder ver diferentes puntos de vista en acción y con toda su fuerza.  En ningún momento debería haber ninguna cortapisa que nos lleve a refrenarnos de expresar ningún tipo de pensamiento o valor, por temor a ser rechazadas por el grupo.  En realidad, debemos ser conscientes de que estamos creciendo, todas las personas que allí nos encontramos y que no andamos en un reñidero tratando de imponer nuestro punto de vista ya que saldríamos todas escaldadas.  No se trata de vencer al contario, sino de desarrollar y escuchar argumentos e ideas.

Al sentar las bases del debate como un espacio en el que gocemos de plena libertad para expresar cuanto deseemos, debería quedar claro que lo que estamos haciendo es debatir y, por tanto, no podemos caer en la falacia.  Siempre hay que desarrollar argumentos centrados en el tema que estamos tratando, sea el último libro que hemos leído, el último artículo, la última charla a la que hemos asistido o cualquier otro tema sobre el que se haya suscitado el debate.  Es importante no desviarse del tema y sobre todo huir de las descalificaciones personales, pero sin sentirnos coartados por no faltar al respeto; en este entorno el respeto no debe ser coercitivo; ya nos recuperaremos el respeto cuando acabemos el tema que estamos tratando.  No es nada personal, ni debe serlo.

Este tipo de trabajo grupal no debe desarrollarse en bares, por supuesto.  El alcohol no es un buen compañero de las discusiones enriquecedoras.  Estoy hablando de buscar espacios autónomos y autogestionados que sirvan de enriquecimiento personal (no hablo de dinero sino de pensamiento).

Al hablar de espacios autónomos y autogestionados estoy definiendo lugares que no reciban subvención ni prebendas de ninguna administración pública, partido político o empresa.  Ahí toca rascarse el bolsillo en beneficio propio, porque si alguien que no eres tú pone el dinero, ese alguien es quien va a acabar, tarde o temprano, marcando el ritmo de lo que allí se hace o se dice y, a la larga, no solo el ritmo, sino que también marcará el camino por el que transitar.

Esto es la cultura del esfuerzo.  Eso que construimos alrededor nuestro como espacio de confort en el que crecer, aprender y desarrollarnos como personas, abandonando el estatus de consumidores y recuperando el de seres humanos.  Porque la televisión, la radio o los grandes periódicos no van a construir una ideología que no le interese al sistema que te envuelve y, por lo tanto, no te va a dar ninguna clave para alcanzar la libertad y el bienestar que mereces.  Siempre hay que ir un paso más allá y buscar entre la cultura no subvencionada, entre el pensamiento no patrocinado, porque allí, está la esencia de la libertad.  Después, claro está, cada una de nosotras debemos filtrar esa esencia y construir nuestro pensamiento con la ayuda de las personas de nuestro pueblo, nuestro barrio, en definitiva, de nuestro entorno.  Dejar a los oradores mediáticos en la estacada, solos, aullándole a la luna.  Al fin y al cabo, no nos necesitan para nada.  No son más que estómagos agradecidos que ya reciben su diezmo sin nuestra participación.

Creo que esta es la clave para que no venga cualquier descerebrado a vendernos un discurso absolutamente incoherente cargado de odio.  El amor es lo que debe ser nuestro principio fundamental y los slogans solo te van a transformar en un loro capacitado para repetir frases sueltas, pero incapaz de construir un argumento mínimamente coherente, porque quien te ha vendido la moto así lo quiere.  Horrorízate si te descubres repitiendo la última ocurrencia que has escuchado en la radio o en la tele.  Sonrójate si te descubres plagiando argumentos sin citar la fuente.  Plantéate que, tal vez, no estás plagiando sino repitiendo aquello que quieren que repitas.

La cultura del esfuerzo, creo, sinceramente, que va de esto, no de enriquecernos o tener lo que llaman buenos trabajos.  La cultura del esfuerzo es el esfuerzo que somos capaces de desarrollar de manera colectiva para crecer en lo personal, sea pensando o aprendiendo determinas habilidades que no tienen porque derivar en un beneficio económico, sino que estarán orientadas a un beneficio personal que acabará siendo colectivo y que puede llegar a extenderse de tal manera que acabe transformando el mundo.  Primero el mundo que te rodea y, poco a poco, alcanzará la dimensión suficiente como para derivar en una sociedad mejor, más igualitaria, más libre y sin opresores ni oprimidos.  Puede parecer pretencioso, pero si somos capaces de recuperar la vida colectiva seremos capaces de construir la sociedad que queramos colectivamente.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Mamá, quiero ser artista


Cada día tropiezo, varias veces, con diferentes anuncios en Facebook instándome a consumir las cosas más peregrinas.  Comprendo que el algoritmo ese tan famoso, falla más que una escopeta de feria.  Hasta aquí todo normal.  Digamos que puedo tolerar desmanes como que me inviten a consumir pan Bimbo sin corteza o San Miguel 0,0, pero lo que no puedo soportar, en modo alguno, son las tomaduras de pelo.  Me explico:

Llevo unos días topando con una publicidad lanzada desde el perfil “Eventos, publicidad, teatro y cine”, que anuncia castings “remunerados” sin más explicación que el lugar y los días.  Lo cierto es que, en un primer momento, no le di mayor importancia, pero ante la insistencia de la publicidad y la aparición de Fraga como lugar en el que desarrollar la actividad, puse un comentario en el que reclamaba información sobre salario a percibir, convenio colectivo en el que quedaría inscrito si aceptaba la actividad y horarios.  Lo que viene a ser lo normal antes de aceptar una oferta laboral.  No duró ni un cronón el comentario.  Se aprestaron a borrarlo como si les hubiera hablado el demonio.  Y yo me dije: “¡demonios!, aquí hay algo  que no va bien”.  Así que volví a la carga mostrando extrañeza por haber borrado mi comentario.

La respuesta no se hizo esperar en forma de: “para ampliar información sobre las condiciones, le rogamos que contacte con nosotros a través del correo electrónico”.

Transcribo el correo que les remití, literalmente:

“Hola,

Desearía conocer las condiciones laborales en que se desarrollaría la actividad.  Sueldo, convenio colectivo y horarios.

Gracias”

¿Sabéis lo que es un estepicursor? (lo que a Fraga diem “barrella”?)  Exacto, ese matojo que da vueltas en las pelis del oeste.  Pues eso ha pasado en mi mail desde el envío recabando información.  Pero no todo acaba ahí, sino que han vuelto a borrar el comentario junto con su respuesta y, además, han cambiado la privacidad de la página para que no se puedan añadir comentarios a sus entradas.

¿Es una estafa?  ¿Es explotación laboral escondida bajo el halo del atractivo de la fama?  ¿Buscan esclavos incansables que como pago reciban la ilusión de un futuro que no va a llegar jamás?  Eso no podremos saberlo nunca… pero, oye, sospechas han levantado para aburrir.

¡Huid, insensatos!


martes, 26 de junio de 2018

Oh! Europa


Que la memòria d’Europa é de curt recorregut queda ben demostrat per l’avanç de les ideologies d’ultra dreta, que cada dia envaeixen lo nostre espai vital, tal com va passar als anys trenta.  Així, dia sí dia també, assistim a la normalització dels discursos excloents i, pitjor encara, merament mercantils.

Vivim una societat que sembla que només pot entendre una mena d’economia: la referida exclusivament als beneficis en forma de més i més diners, sense importar ni les persones ni lo medi ambient.

Eixa economia monolítica i excloent d’altres formes de pensament se repeteix en tanta i tanta insistència, per part dels governants i de les seues veus (los mitjans de comunicació), que han entrat a formar part de l’imaginari col·lectiu; aquell imaginari que estableix com a veritats afirmacions que no s’han reflexionat i simplement s’acabat fent un Goebbels, és a dir, de tant repetir una mentida, acaba esdevenint veritat.

Fa pocs dies, Europa, la reserva espiritual del sistema democràtic, ha celebrat lo que en diuen “una mini cimera” (excel·lent eufemisme per a dir que algú s’ha excedit en prendre una decisió d’acollida), amb lo presumpte objectiu de tractar lo tema de la immigració (altre eufemisme per a dir: a veure com tanquem la porta que fa fred)  I eixa cimera ha consistit, bàsicament, en un vullguer ficar portes al camp en propostes tan progressistes i humanitàries, com la d’Alemanya de retornar al immigrants al punt per agon van dentrar, o la d’Itàlia que vol repartir persones per tot lo territori com si fossin xurros, però que en realitat vol pressionar a la resta de països per a que donen suport a la seua política d’exclusió social de la pobresa, la minoria i la diferència.

Bé, anda ací, tot normal.  Polítiques facistes desfressades de sentit comú que diuen unes coses que van, aparentment, lligades al pensament econòmic i lliberal.  Ara bé, com mos afecten eix tipus de discursos?.  Crec que mos porten a un joc bastant perillós, al que jo també he jugat, però que no convé practicar-lo massa sovint.  En què consisteix eix joc?  Bàsicament en utilitzar la mateixa lògica per a invertir los arguments que ens presenten, és a dir, entrar en lo joc de la mercantilització de les persones.  Vull dir, que allà agon ells expliquen que l’acollida d’inmigrants, també anomenades persones, pot comportar una greu crisi per la despesa que suposen eix tipus d’actes, altres tracten d’explicar que eixa entrada d’inmigrants, altrament anomenades persones, aportarà grans beneficis econòmics al país, ja que són una població jove i saludable que pot treballar molt temps i així mantenir lo nostre sistema sanitari i de pensions.

Crec que mos equivoquem.  No podem entrar a eix debat deixant de costat que estem parlant de persones.  Persones, no ma d’obra, ni beneficis o perjudicis econòmics.  Persones.  Persones en situació de risc, sigue lo risc per una guerra, per una fam o per unes ganes de viure dignament, m’es indiferent.  Si de tant dentrar al drap de l’argumentari del fascisme neoliberal per a desmuntar los arguments perdem la perspectiva de l’humanisme, estarem francament derrotades.  Així que quan te pregunten per què creus que é bo acollir a les persones, pots simplement contestar: per humanitat, veuràs que bé et cau..

lunes, 28 de mayo de 2018

Libertad libertad ¿sin ira?


El respeto ha alcanzado tal grado de culto que ha superado a la libertad.   En los últimos tiempos y como consecuencia de la impunidad democrática con que se imponen leyes desde los distintos gobiernos y sus respectivas oposiciones que han pasado por este país vemos cómo se van degradando las libertades individuales en pos del respeto y la tolerancia.

Ambos conceptos están muy bien para una correcta convivencia, pero no podemos dejarnos llevar por la mentira de quien se dice encargado de aplicarlos como preceptos.  En realidad el respeto está sobrevalorado y la tolerancia ni está ni se la espera por más que se la invoca a todas horas.  Vivimos unos tiempos en que los descastados se plantan frente a la policía para aplaudirles determinadas acciones y son debidamente apoyados y jaleados por los propios cuerpos de represión del Estado, mientras las personas de bien, poco proclives a cerrar filas en torno a casi nada, nos vemos abocadas a sufrir, de una manera más o menos directa la represión del Estado Democrático.

Esta degeneración de la convivencia colectiva es consecuencia directa, entiendo que, de muchos factores, y la ley mordaza, la tipificación del delito de odio y la ley de partidos no son más que la parte visible de una caída libre hacia la pérdida gradual de libertades individuales en busca de una sociedad cada vez más mojigata e intolerante.  Muchos son los factores y muy graves las consecuencias.

Quizás pueda parecer que las tertulias televisivas no son más que una mala caricatura de personajes que imparten sus opiniones como si fueran los enviados de algún ente superior, pero la realidad es que lejos de ser una caricatura o un espectáculo dantesco, son un peligro social.  Esa forma de actuar, de despreciar y de imponer mientras invocan al respeto y la tolerancia es un mensaje que ha calado muy hondo en el imaginario colectivo.  Así, cuando se quiere criminalizar a algún grupo o alguna actitud, bastará con activar el modo tertuliano de una minoría social para que al grito de ¡respeto! se nos aplique más represión.

Cuando Convergència y Unió se planta ante el gobierno del Partido Popular con una propuesta de ley mordaza (http://ala.org.es/ciu-pide-una-mejor-regulacion-de-las-medidas-y-servicios-de-seguridad-en-las-manifestaciones-y-concentraciones-ciudadanas/) lo hacen con la excusa de la difícil convivencia en una Barcelona asolada, según Jordi Jané, por las protestas de los okupas y la destrucción del mobiliario urbano y la imposible convivencia.  Ese y no otro era el argumento, y estas y no otras son las consecuencias de entrar al trapo de la criminalización social de un colectivo sin tratar de saber más, de profundizar y quedarnos solamente con lo que nos disparan desde las pantallas de televisión, ya sea a través de los mantras de los tertulianos o de los presuntos periodistas de investigación que se empeñan en que veamos acciones, que ellos mismos tachan de violentas, y colectivos definidos y clasificados por ellos mismos como violentos y malvados que quieren acabar con nuestras apacibles vidas, por todas partes.  Bueno, por todas partes no, cuando la violencia la ejerce el Estado se empeñan en que veamos una acción necesaria que permite restablecer el orden sin importar el camino ni las consecuencias.

La ley de partidos que se gestó con la exclusiva finalidad de ilegalizar una formación política concreta (Herri Batasuna) fue una precuela de la pérdida de libertades colectivas.  El apoyo de buena parte de los partidos políticos (Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español, Convergéncia i Unió, Coalición Canaria, el Partido Andalucista y el erróneo voto a favor de Gaspar Llamazares) con la excusa de un par de enmiendas de poca monta para hacerla parecer una ley más aceptable fueron determinantes para que hubiera un clamor popular favorable.  Otro avance hacia la pérdida de libertades.  Pero este avance no se podría haber producido sin haber creado un clima favorable.  Siempre es necesario, antes de recortar libertades, un discurso falaz que convierta en necesaria la renuncia de la libertad individual en favor de una “convivencia pacífica y respetuosa”.

Pues no, resulta que como sociedad no deberíamos permitir el acomodo en posturas de falso respeto, ni debemos entronizar el respeto a los altares de la democracia, ya que allí, lo único que debería brillar sería la libertad individual y colectiva.  No podemos permitir que la clase dominante (económica y política) nos exija una convivencia carente de conflicto social y de mordaz crítica a las instituciones.  La democracia no debe ser el Sanctasanctórum.  Las instituciones democráticas no son más que instituciones y como tales deben poder ser criticadas.

Todo esto es más que probable que derive de una Cultura de la Transición que tenemos interiorizada y que se trató de romper con el movimiento del 15M, pero la mojigatería social que se ha establecido entre nosotros en los últimos años también tiene mucho que ver.  Mientras no comprendamos que la libertad es nuestro bien más preciado tendremos problemas para poder evolucionar como sociedad.  De hecho, los sucesos más recientes nos demuestran una clara regresión.  Hace 30 años un grupo de música, teatro o cualquier otra expresión de arte grupal o individual podía crear libremente sin temer demasiado por posibles represalias, sin embargo, nos encontramos hoy en día con que, esas mismas acciones que sucedieron en un  tiempo pretérito, pueden hoy devenir en hechos delictivos.  Es esto, pues, una prueba irrefutable de la pérdida de derechos y de lo que ha calado el mensaje de que debemos un sacro santo respeto a las instituciones que más raya la pleitesía que la ciudadanía y que empieza a tener similitudes con regímenes de dudosa calidad democrática y hablo abiertamente, no ya de franquismo, sino de, por ejemplo, Venezuela, Egipto, Turquía o cualquier otro simulacro democrático.



LAS MARRAS (La Polla Records)

Esto es el mundo y yo una persona, todo lo demás llegó después; 
todos los sistemas siempre olvidan ésto 
Poder es fascismo, fascismo es poder 
Poder es fascismo, fascismo es poder 

Esto es el mundo y yo una persona, todo lo demás llegó después 
El poder se pone entre el mundo y yo 
Esto es el mundo y yo una persona, todo lo demás llegó después 
Lo que el mundo dice, el poder lo niega 
Poder es fascismo, fascismo es poder 
Poder es fascismo, fascismo es poder 

No al ejército ni vasco ni español 
que nadie me mande nunca me gustó 
lideres ni ostias ni patrón 
ni poder privado ni popular 
La tierra no tiene dueño 
todas las pisadas le duelen igual 

Cada uno, cada uno, uno es 
y no creo que esto sea muy difícil de entender