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jueves, 12 de noviembre de 2020

De sacrificios y pandemias

 Así como Yahvé le pidió a Abraham que demostrara su fe en Él sacrificando a su hijo (aunque luego el Yahvé recogiera carrete y le dijera, cual despiadado especista, que con que sacrificara un corderito ya le valía).  Así como los antiguos griegos sacrificaban cien bueyes en sus famosas hecatombes a mayor gloria de los dioses.  Así como los antiguos romanos ofrecían en sacrificio a vírgenes y prisioneros.  Así como los mayas sacrificaban a prisioneros y niños a mayor gloria de los dioses.  En definitiva, así como las diferentes culturas imperialistas de cultura patriarcal han ofrecido sacrificios a sus dioses, nuestra sociedad, la sociedad neoliberal, la sociedad mercantilizada, el capitalismo que vivimos, ha ofrecido en sacrificio a la juventud para mayor gloria del capital.  Y lo ha hecho señalándolos como los casi únicos culpables de la proliferación de los contagios a consecuencia de la Covid (alerta, este texto contiene información Covid19.  ¿Desea continuar?)  Porque de manera machacona se insiste una y otra vez en que los jóvenes hacen botellones, se pasan porros, se besan, van sin mascarilla y ¡nos quieren matar a todos!  Pero este pensamiento no se transmite directamente, sino que se repite de forma velada y machacona hasta que, como si se tratara de un proceso osmótico, acaba insertado en nuestro pensamiento y, a partir de ahí, ya tenemos barra libre para cargar contra esa casi clase social que es la juventud y, claro, si cargamos contra la juventud es más fácil que nos despistemos de lo esencial: produce y consume.

 

Una pequeña reflexión:  si las muertes directas por accidente de trabajo en 2019 fueron 695 y los accidentes no mortales con baja laboral fueron 635.227, ¿de verdad creen que los puestos de trabajo, por arte de birlibirloque, se han convertido en lugares seguros para no contagiarse la Covid?  ¿En serio?  ¿A quién tratan de convencer de que se puede morir en el tajo pero no contraer Covid?  Porque resulta que ahora, la solución para acabar con la pandemia pasa por ir a trabajar, al centro comercial y encerrarse en casa para consumir Amazon, Aliexpress, Netflix o Movistar.

 

Cierran mercadillos o reducen los aforos.  Claro, todo el mundo sabe que al aire libre es peligrosísimo el tema de los aerosoles y los contagios (sarcasmo), no como en los centros comerciales y grandes supermercados donde se juntan, en un espacio cerrado, decenas de personas para autoservirse los productos que compran, o lo que es lo mismo, para comprar un paquete de macarrones que han tocado unas quinientas personas antes que tú.  Si por lo menos se hubieran cerrado las grandes superficies y permitido únicamente el comercio en el que te sirven el producto…

 

Toques de queda a las once de la noche.  Así nos vamos a dormir bien pronto y al día siguiente estamos frescas como rosas para seguir siendo productivos.

 

Cierres a las ocho de la tarde para actividades no esenciales.  Así acabamos con el activismo militante limitado por las reuniones limitadas a seis personas y por los horarios de las personas trabajadoras que se ven imposibilitadas de militar por falta de tiempo material.  Solamente pueden reunirse en espacios cerrados de centenares de personas para trabajar, pero no para reclamar justicia social.

 

Imposibilidad de desarrollar una cultura alternativa a la oficial, única declarada segura frente a la Covid.  ¿Será la subvención o el control, cuando no organización institucional, lo que crea defensas frente a la pandemia?

 

En fin, que no estoy dispuesto a sacrificar a nuestra juventud en pos del capital ni a convertirme en una mera máquina de trabajar y consumir.  Cabreado me tienen.

domingo, 23 de agosto de 2020

Casa deshabitada, casa okupada

Oye, que la cosa está mucho peor de lo que dicen en las noticias.  Y no creas que es algo que me han contado.  Que te lo digo yo, que me ha pasado a mí, que no hablo de que alguien me ha dicho que le han dicho o que le ha pasado, no.  Esto me pasó a mí y es muy gordo.

 

Fue hace ya una semana.  Como cada día fui a bajar la basura.  Con lo puesto y el móvil, que yo el móvil no lo suelto ni para ir al baño.  Bueno al baño es donde siempre lo llevo.  Pero no quiero despistarme de lo que te quiero explicar.

 

Bajé la basura.  Fui hasta el contenedor que, como sabes, está como a veinte metros de casa y, tonto de mí, nunca cierro la puerta de entrada, ni la del piso.  Si total, es un momento de nada.  Y además mi mujer, mi amorsote querido estaba en casa, así que, ¿para qué narices iba a cerrar la puerta?  Total, que cuando vuelvo de tirar la basura me encuentro con el portal cerrado y yo venga a llamar al timbre y dale, que dale y nada, de nada.  Que se me habían metido los okupas en casa, joder.  Y yo sin llave.  ¿Cómo iba a pensar yo que tenía que llevarme llave y cerrar la puerta porque en cuanto sales de casa, ¡zas!, viene un okupa y se te mete y no hay forma de sacarlo.  ¿Y mi chica?  ¿Qué habrán hecho con ella?

 

Después de tocar infructuosamente al timbre y de llamar al teléfono de mi señora, que daba como que estaba apagado o fuera de cobertura, llamé a la policía.  ¿Qué creéis que hizo la policía?  ¡Na-da!  Eso es lo que hacen con la pobre gente como yo.  No me hicieron ni caso y mira que describí la situación con pelos y señales.  Diría que hasta oí unas risitas al otro lado del teléfono.

 

Visto que la policía no estaba de mi parte me decidí a buscar a una gente que me habían dicho que “trabajaban” al margen de la ley y que eran muy eficaces en su cometido: Desokupa, se llaman; y estos sí me hicieron caso enseguida.  No quisieron siquiera detalles de lo sucedido.  En un decir Jesús ya estaban en el portal de casa dos señores enormes y tope mazados.  Oye, que daba gozo verlos.  Todos esos músculos y esa ropa apretada que marcaba todo.  Como para no asustarse si vienen a por ti.

 

     Tranquilo— me dijeron— vamos a sacar a esos hijos de puta de tu casa.  Apártate por si hay un poco de baile.

 

Crucé al otro lado de la calle para dejarles hacer tranquilamente su trabajo.  En un pis pas consiguieron abrir el portal y se metieron y yo confié plenamente en la profesionalidad de esos individuos capaces de dejar todo cuanto pudieran estar haciendo para atender mi llamada y colarse en mi casa como si fuera la casita de paja de uno de los tres cerditos.

 

Pasó una hora, dos, doce y se hizo muy de día.  El calor ya empezaba a apretar cuando pude ver que salían los dos “armarios roperos” de mi casa.  Me acerqué a ellos y la primera impresión es que ya no tenían ese aspecto de fascistas asesinos con el que llegaron.  De hecho, parecían dos dulces criaturas satisfechas de la vida.

 

     ¿Y bien?

     Bueno, esto es más complicado de lo que creíamos.  Vamos a necesitar volver varias veces para poder desalojar a la…, a los okupas esos.

     Pero esto es una vergüenza, ¡es mi casa!

     Claro, claro, pero el gobierno ya sabes que solo apoya a los okupas y a la pobre gente trabajadora que nos hemos dejado la vida para poder tener un techo, nos dejan de lado.

 

Y oye, que así llevo ya una semana viviendo en un hostal junto a mi casa, recibiendo casi a diario a los muchachos de desokupa y esos putos okupas viviendo a cuerpo de rey en mi salón, mi cama, mi cocina…  Pero no sigo sino me dan ganas de echarme a llorar.  Tan solo quiero decir una cosa a favor de los okupas estos, porque lo cortés no quita lo valiente, y es que por lo menos tienen algo de corazón, ya que me dejaron una maleta en la puerta con buena parte de mi ropa y mi cartera…  Lo que más me preocupa, de todas formas, es ¿dónde se habrá metido mi mujer?

martes, 8 de octubre de 2019

Mi querida utopía


Casi a diario me encuentro con personas que son fervientes defensoras de la democracia burguesa (o liberal capitalista, como queráis llamarla) o del comunismo de estado, que no dudan en poner en cuestión mis ideas, en tanto en cuanto las consideran irrealizables.

Aunque es verdad que no suelo pedir opinión en cuanto a mis ideas, no dudan en facilitármela, lo que es una metáfora de lo que realmente significa que el anarquismo, en cualquiera de sus formas, es una forma de organización social “irrealizable”.

Digo esto porque está más que demostrado que el anarquismo es completamente factible, lo que ocurre es que el Estado en cualquiera de sus formas está empecinado en que esto no sea así.  Prueba de ello fue en su día la destrucción de las colectividades en España en mayo de 1937, ejecutada al calor del estalinismo, en nombre de un supuesto orden.  Curiosamente es el mismo argumento que utilizaron y utilizan, aún hoy en día, los fascistas para justificar el golpe de estado contra el gobierno de la república y el genocidio posterior.  “El orden”.

También es una prueba diáfana, la represión desatada contra Ucrania por parte del ejército rojo, a las órdenes de Trotski, que en 1921 acabaron con el sueño anarquista de las comunas de Ucrania.

Sucedió en Manchuria, que en 1932 dijo adiós a la Comuna de Shinmin gracias a chinos y japoneses que, pese a guerrear entre ellos llegaron a un objetivo común, destruir cualquier atisbo de sociedad anarquista.

Hay numerosos ejemplos en los que se nos ha aplastado y el más reciente es el que está sucediendo ahora mismo frente a nuestras narices.  Mientras se discute que si el Brexit, que si la sentencia del Procès, que si las elecciones, que si Trump; precisamente Trump ha dado vía libre a destruir el sueño de una sociedad construida por mujeres.  Para ello se sirve, como han hecho siempre, de un tirano como Erdogan, que no duda en emprender una guerra contra lo que es, una vez más, la plasmación de lo que llaman utopía en una realidad de sociedad construida desde abajo.  Una sociedad que ha derrotado al Estado Islámico y cuando ha acabado con el trabajo sucio, como ha ocurrido históricamente, quieren destruirla.  Para ello utilizarán el armamento; para matar, mutilar y violar; pero una vez acabe la destrucción física llegará la hora de inventar un relato de destrucción moral.  Un relato como ese que me trasladan a diario de utopías y caos.

martes, 29 de enero de 2019

Alfonso Guerra o La Doctrina del Shock


No sabía que Alfonso Guerra había leído a Naomi Klein y su “Doctrina del shock”, y así me quedé yo esta misma semana; en estado de shock.

Sí conocía la poca vergüenza y la cantidad de exabruptos de los que era capaz de hacer gala el susodicho socialista.  No hay más que recordar frases tan memorables como aquella que profirió en sede parlamentaria, cuando le pedían explicaciones por la muerte de aves en Doñana (sino recuerdo mal el suceso, que la frase me quedó grabada a fuego): “por decírselo en términos animales, usted se calla que no tiene usted ni zorra idea”.  Y se quedó tan ancho.

En realidad, Alfonso Guerra, era un tertuliano antes de que estos existieran.  Sería lo que podríamos denominar un proto tertuliano.  Además, él no pugnaba por decir la barbaridad más gorda para que lo llamaran de las teles, él es así de natural, le sale solo.

De hecho, era tal la fama del gachó que los propios socialistas lo animaban (como si le hiciera falta) jaleándolo al grito de “¡Alfonso, dales caña!”, no se si movidos por el ansia de sangre enemiga o por temor a ser ellos los que se mueven y no salen en la foto, tal y como amenazara a la militancia en cierta ocasión.

 Así las cosas, ¿qué es lo que me ha desorientado de tamaño personaje?  Pues sencillamente el hecho de que corroborara las tesis de Naomi Klein que relataba como la escuela de Chicago, los “Chicago Boys”, avanzadilla del neoliberalismo, utilizaron Chile como zona de experimentación de la utopía liberal para, mano miliitari, poner en práctica aquello que preconizaban en sus teorías económicas.

Parece ser que las férreas dictaduras maridan muy bien con el liberalismo, aunque de primeras, para aquellos que se hayan tragado el disfraz del liberalismo, pueda parecer sorprendente, en realidad, para desmantelar todos los servicios público y ponerlos en manos de las empresas “amigas”, para acabar con lo que queda del “Estado del Bienestar” y para trocear los derechos laborales (principios fundamentales del liberalismo, lo de trocear, no lo de los derchos) hace falta un estado muy potente, capaz de reprimir cualquier amago de protesta.

Así que sí, Alfonso, efectivamente la dictadura de Chile sirvió para algo.  Para algo terrible.  Tan terrible como la cantidad de seres humanos encerrados, torturados y asesinados.  Tan terrible como la cantidad de bebés robados.  Tan terrible como la cantidad de personas que no han vuelto a saber nada de familiares o amigos, desaparecidos para siempre.  Tan terrible como la cantidad de derechos perdidos, el reparto de los bienes comunes repartidos entre los amiguitos, debidamente guiado por las ideas económicas de Milton Friedman y Arnold Harberger.

Estoy seguro, señor Guerra, de que Olof Palme se ha revuelto en la tumba después de sus palabras, pero me imagino que eso a usted se la trae al pairo.

En fin, ahí dejo el enlace por si alguien se anima a ver el documental sobre “La Doctrina del Shock” que resulta mucho mejor que escuchar a este cenutrio decir sandeces.

https://youtu.be/yIhZjEsgsNQ

martes, 13 de noviembre de 2018

Bohemian Rhapsody


Anoche fui al cine a ver Bohemian Rhapsody y volví a verificar que los críticos de cine son una pandilla de pajilleros.  Pero ¿qué mierda me han estado contando?.  ¡Si no he hecho más que leer críticas destructivas con la película!.  ¡Esto que es!  ¡Pandilla de disgustados!  ¡Qué son una pandilla de disgustados!.

La película está espectacular.  Los actores son increíbles y no solo por el sorprendente parecido físico con Queen, sino porque imitan a la perfección la pose y los gestos de cada uno de ellos.  Si tuviera que ponerle alguna pega a la película, que no sé por qué debería hacerlo, es que los dientes de Fredy Mercury son un tanto exagerados.  Pero, ¡menuda chorrada!, ¿no?  Es más, Rami Malek hace un trabajo brutal y Gwilym Lee está impresionante, parece que tengas en la pantalla al mismo Brian May.

La película me hizo vibrar.  Me emocionó como hacía tiempo que no lo hacía en el cine.  Lloré, reí y no aplaudí, como hacíamos en el cine de pequeños, porque me he vuelto un adulto insulso, que si no…  Tampoco coreé las canciones porque confieso que nunca he sido muy fan de Queen, aunque reconozco que el motivo principal para no hacerlo es la absurda educación que me obliga a esconder mis emociones, cuando lo que me pedía el cuerpo era levantarme y corear el “We wild rock you”, o berrear “Mama, uuuuh” en el “Bohemian Rhapsody”.

Ya sé que hay quien dice que si no te gusta Queen pues que…  ¡Joder!, que si no te gusta Queen, ¿a qué vas a ver una película sobre Queen?.  Vete a ver películas de arte y ensayo nord Coreano y deja a la humanidad en paz.  Es que hay que ser tonto del culo y misántropo, ¡joder!  ¡Disgustados!, que sois unos disgustados.  Id al cine y disfrutad del espectáculo.

martes, 26 de junio de 2018

Oh! Europa


Que la memòria d’Europa é de curt recorregut queda ben demostrat per l’avanç de les ideologies d’ultra dreta, que cada dia envaeixen lo nostre espai vital, tal com va passar als anys trenta.  Així, dia sí dia també, assistim a la normalització dels discursos excloents i, pitjor encara, merament mercantils.

Vivim una societat que sembla que només pot entendre una mena d’economia: la referida exclusivament als beneficis en forma de més i més diners, sense importar ni les persones ni lo medi ambient.

Eixa economia monolítica i excloent d’altres formes de pensament se repeteix en tanta i tanta insistència, per part dels governants i de les seues veus (los mitjans de comunicació), que han entrat a formar part de l’imaginari col·lectiu; aquell imaginari que estableix com a veritats afirmacions que no s’han reflexionat i simplement s’acabat fent un Goebbels, és a dir, de tant repetir una mentida, acaba esdevenint veritat.

Fa pocs dies, Europa, la reserva espiritual del sistema democràtic, ha celebrat lo que en diuen “una mini cimera” (excel·lent eufemisme per a dir que algú s’ha excedit en prendre una decisió d’acollida), amb lo presumpte objectiu de tractar lo tema de la immigració (altre eufemisme per a dir: a veure com tanquem la porta que fa fred)  I eixa cimera ha consistit, bàsicament, en un vullguer ficar portes al camp en propostes tan progressistes i humanitàries, com la d’Alemanya de retornar al immigrants al punt per agon van dentrar, o la d’Itàlia que vol repartir persones per tot lo territori com si fossin xurros, però que en realitat vol pressionar a la resta de països per a que donen suport a la seua política d’exclusió social de la pobresa, la minoria i la diferència.

Bé, anda ací, tot normal.  Polítiques facistes desfressades de sentit comú que diuen unes coses que van, aparentment, lligades al pensament econòmic i lliberal.  Ara bé, com mos afecten eix tipus de discursos?.  Crec que mos porten a un joc bastant perillós, al que jo també he jugat, però que no convé practicar-lo massa sovint.  En què consisteix eix joc?  Bàsicament en utilitzar la mateixa lògica per a invertir los arguments que ens presenten, és a dir, entrar en lo joc de la mercantilització de les persones.  Vull dir, que allà agon ells expliquen que l’acollida d’inmigrants, també anomenades persones, pot comportar una greu crisi per la despesa que suposen eix tipus d’actes, altres tracten d’explicar que eixa entrada d’inmigrants, altrament anomenades persones, aportarà grans beneficis econòmics al país, ja que són una població jove i saludable que pot treballar molt temps i així mantenir lo nostre sistema sanitari i de pensions.

Crec que mos equivoquem.  No podem entrar a eix debat deixant de costat que estem parlant de persones.  Persones, no ma d’obra, ni beneficis o perjudicis econòmics.  Persones.  Persones en situació de risc, sigue lo risc per una guerra, per una fam o per unes ganes de viure dignament, m’es indiferent.  Si de tant dentrar al drap de l’argumentari del fascisme neoliberal per a desmuntar los arguments perdem la perspectiva de l’humanisme, estarem francament derrotades.  Així que quan te pregunten per què creus que é bo acollir a les persones, pots simplement contestar: per humanitat, veuràs que bé et cau..

jueves, 26 de abril de 2018

Por sus actos los conoceréis


Los juzgados convierten
Las violaciones en abusos reiterados
A la estulticia en estupor
A la justicia en pantomima
A la inserción en risotada
A la indefensión de la víctima en…
Nueve años de nada
Sin seguimiento
Sin reinserción
Y luego
Vuelta al ruedo
Vuelta a empezar
Vuelta al cuartel

No espero castigo
No deseo venganza
No quiero nada de eso
Quiero que sepan que
No tienen patente de corso
Quiero que entren en un
Largo programa de inserción social
En  un largo programa de humildad social
En un largo programa acompañado de profesionales
Que sean capaces de
Devolverlos a la sociedad para algo útil
No para pavonearse de sus
Miserables
Fazañas
Hazañas
Compañas
Patrañas
Marañas
Artimañas
Entrañas
Alimañas

Ni para que vuelvan
A salirse con la suya

viernes, 18 de agosto de 2017

Ante el odio y el dolor

En medio del dolor de las víctimas y del goteo constante de noticias confusas procuro evitar verter ningún tipo de opinión escrita, pero, de alguna manera, me siento obligado a ello, sobre todo por el nivel que veo en algunas de las opiniones.

Me resulta deleznable que haya quien aproveche la ocasión para tirar la caña de la xenofobia.  Los intentos de criminalizar a todos los seres humanos no nacidos en un determinado territorio me parecen una maldad difícilmente justificable, así que como primera medida: adiós amistad en Facebook y bloqueo al canto.  Lo siento, si no te gusta puedes bloquearme también, para eso el señor Zuckerberg se rebanó los sesos poniendo el botoncito.  Y no dejes que te engañen, en este país gobierna el Partido Popular: ¿crees que han decretado ayudas específicas en función de la no nacionalidad española?  Estás fatal de la cabeza.  Respira hondo, relájate, borra las estupideces que te han contado, empieza a razonar por ti misma y deja de envidiar la miseria ajena, que eso es de ser muy miserable.  Y si no te convences pide copia de la ley o las leyes donde vienen escritas ese tipo de ayudas al organismo que las otorga.  Verás que risas.

También me parece absurdo hablar de la venta de armas a Arabia Saudí.  Por más que me encantaría acogerme a la sencillez de la respuesta, en este caso, las armas han sido furgonetas y los explosivos preparados eran bombonas de gas butano.  Tampoco creo que se pueda, por más malabares que se hagan con los argumentos, culpar a las grandes multinacionales como Repsol (afortunadamente esto no ha pasado).  Nada de armamento sospechoso de haber salido de Navantia.

Tampoco entiendo la falta de cordura de quienes, ante el sufrimiento ajeno, se ponen a sacar fotos y grabar videos en lugar de tratar de socorrer a las víctimas o dar consuelo a los no heridos.  ¿Es que hemos perdido la humanidad?  Anda, deja el móvil a un ladico y arromangate, la sociedad te lo agradecerá mucho más.  Seguro que los afectados recordarán y agradecerán mucho más aquellas palabras de afecto o aquellos abrazos silenciosos y reconfortantes que un maldito video donde revivir el dolor propio y ajeno.

Hala, venga, un poco más de humanidad y sobre todo de amor y solidaridad que el odio y el fanatismo solo comporta este tipo de cosas que han sucedido.

domingo, 28 de mayo de 2017

Del PSOE y sus primarias



Quiero aprovechar este bello momento para analizar la cuestión de las primarias del PSOE.  Como llevo tanto tiempo boquicerrado, pues no pierdo ripio y me marco una largada mayúscula.

No sé si soy yo solo o alguien más se ha percatado de que todo esto de las primarias ha sido una pura estrategia (bueno, he de reconocer que cuando estaba pensando esta entradilla me comentaron que un tal Isaac Rosa había hecho algo parecido, pero tengo coartada: no lo he leído).  Espero no estar en minoría, aunque, por si las moscas, voy a explicarlo despacito y desde el principio de los tiempos.

Si hacemos caso a la versión oficial de los acontecimientos, previo a la investidura, que no embestidura (eso lo dejamos para la curva de la estafeta y esas cosas cornudas), de Mariano Rajoy Brei hizo su aparición una tal Susana Díaz que, hecha una tarasca, dijo:  “Niño, hazte a un lado que ahora mando yo”.  Y acto seguido llegó la abstención hecha presidente.  Y después llegó la carrera por eso de las primarias.  Y después se hizo una campaña larguísima de varios meses con tertulianos variopintos rajando a diestro y siniestro; concretamente siniestramente compinchados con la corriente Diaciana.  Y después habló la militancia y dijo que tararí y tururú y que ya no mandas tú, que ahora vuelve a mandar el pobre Pedro.  Y lo que parecía la Pasokización del PSOE ya no, que ahora ya resurgen de sus cenizas y con el bueno de Sánchez la cosa va más que bien engrasada.

Esto es, como he dicho, la versión oficial.  Realmente aquí hay una conspiración en toda regla y te lo voy a demostrar:


Fíjate que en toda la disertación anterior he dejado de lado la figura de Patxi López y lo he hecho de forma deliberada y sabes ¿por qué?  No, no es que el pobre Patxi haya sido utilizado por la pérfida Susana para vaciar de votos la candidatura del San Pedro, no, es algo mucho más sutil.  Observa el apellido de los candidatos: López (Patxi), Sánchez (Pedro), Díaz (Susana).  ¿No te dicen nada estas iniciales?  Sí, claro, LSD, dietilamida de ácido lisérgico, lo que viene a ser un tripi.  Y es que todo esto ha sido una estrategia del propio partido para recuperar el protagonismo perdido con la aparición de partidos a su izquierda y el talante liberal que había adquirido en los últimos tiempos.  Y como las personas que ponen nombre a las operaciones son unas cachondas, pensaron que LSD describía a la perfección la alucinante serie de acontecimientos a los que nos iban a someter.  Claro que para disimular un poco el nombre buscaron tres candidatos con los que montar un acróstico y asunto resuelto.  Luego llegó todo el montaje del apártate tú que me pongo yo, ahora votamos y todo eso con la única finalidad de recuperar el lustre y esplendor de épocas pretéritas.  ¿Cómo te has quedado?  ¿Eh?

Que no, que no se me han desconectado las neuronas, que todo esto era una bromita para pasar un rato bueno.  Pero tiene sentido.  ¡Dios mío!  ¡La verdad está ahí fuera!