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viernes, 22 de enero de 2021

D’atura Stramonium i altres relats d’Àngels Guil Bieto

 Au, pos ja està.  Ja m’he llegit el “Datura Stramonium i altres relats” de l’Àngels Guil Bieto, i a més a més l’he comprat a la llibreria Drac, d’Olot, res d’Amazone i rotllos d’eixos.  I m’he agarrat un emprenyament monumental per diversos motius.  Ves que vaig:

 

Per començar, he fet tard a treballar dos maitins seguits per culpa del maleit llibre.  Com que tinc per costum llegir una mica mentre esmorzo no he pogut dosificar i havia d’acabar sí o sí lo conte o relat o com punyetes se digue, i no content amb això n’encetava un altre i a lo que em donava compte ja era hora d’enganxar i encara no m’havia ni vestit.  Cagon los collons!

 

Per continuar, des que he acabat lo llibre no em puc treure del cap a personatges com l’àvia Eulàlia, que pareix com si la coneguessa de tota la vida i hagués “intimat” amb ella.  O la pobra Muntsa, o la manipuladora Cinta o l’inquietant Gilbert i tants i tants personatges que ara ja m’acompanyaran de per vida, i quan de tant vell perda l’esme (si es que mai n’he tingut), estic segur que cridaré los seus noms mentre me cau un fil de babes incontenibles.

 

En definitiva lo llibre està escrit en un domini de la llengua exquisit i en una capacitat de construcció de personatges molt elaborada.  La pena és que no hagi estirat una mica més los relats, especialment aquell agon se la veu més còmoda parlant, lo que transcorre a Seròs.

 

No l'has llegit encara?  No se a que cony estàs esperant!

jueves, 12 de noviembre de 2020

De sacrificios y pandemias

 Así como Yahvé le pidió a Abraham que demostrara su fe en Él sacrificando a su hijo (aunque luego el Yahvé recogiera carrete y le dijera, cual despiadado especista, que con que sacrificara un corderito ya le valía).  Así como los antiguos griegos sacrificaban cien bueyes en sus famosas hecatombes a mayor gloria de los dioses.  Así como los antiguos romanos ofrecían en sacrificio a vírgenes y prisioneros.  Así como los mayas sacrificaban a prisioneros y niños a mayor gloria de los dioses.  En definitiva, así como las diferentes culturas imperialistas de cultura patriarcal han ofrecido sacrificios a sus dioses, nuestra sociedad, la sociedad neoliberal, la sociedad mercantilizada, el capitalismo que vivimos, ha ofrecido en sacrificio a la juventud para mayor gloria del capital.  Y lo ha hecho señalándolos como los casi únicos culpables de la proliferación de los contagios a consecuencia de la Covid (alerta, este texto contiene información Covid19.  ¿Desea continuar?)  Porque de manera machacona se insiste una y otra vez en que los jóvenes hacen botellones, se pasan porros, se besan, van sin mascarilla y ¡nos quieren matar a todos!  Pero este pensamiento no se transmite directamente, sino que se repite de forma velada y machacona hasta que, como si se tratara de un proceso osmótico, acaba insertado en nuestro pensamiento y, a partir de ahí, ya tenemos barra libre para cargar contra esa casi clase social que es la juventud y, claro, si cargamos contra la juventud es más fácil que nos despistemos de lo esencial: produce y consume.

 

Una pequeña reflexión:  si las muertes directas por accidente de trabajo en 2019 fueron 695 y los accidentes no mortales con baja laboral fueron 635.227, ¿de verdad creen que los puestos de trabajo, por arte de birlibirloque, se han convertido en lugares seguros para no contagiarse la Covid?  ¿En serio?  ¿A quién tratan de convencer de que se puede morir en el tajo pero no contraer Covid?  Porque resulta que ahora, la solución para acabar con la pandemia pasa por ir a trabajar, al centro comercial y encerrarse en casa para consumir Amazon, Aliexpress, Netflix o Movistar.

 

Cierran mercadillos o reducen los aforos.  Claro, todo el mundo sabe que al aire libre es peligrosísimo el tema de los aerosoles y los contagios (sarcasmo), no como en los centros comerciales y grandes supermercados donde se juntan, en un espacio cerrado, decenas de personas para autoservirse los productos que compran, o lo que es lo mismo, para comprar un paquete de macarrones que han tocado unas quinientas personas antes que tú.  Si por lo menos se hubieran cerrado las grandes superficies y permitido únicamente el comercio en el que te sirven el producto…

 

Toques de queda a las once de la noche.  Así nos vamos a dormir bien pronto y al día siguiente estamos frescas como rosas para seguir siendo productivos.

 

Cierres a las ocho de la tarde para actividades no esenciales.  Así acabamos con el activismo militante limitado por las reuniones limitadas a seis personas y por los horarios de las personas trabajadoras que se ven imposibilitadas de militar por falta de tiempo material.  Solamente pueden reunirse en espacios cerrados de centenares de personas para trabajar, pero no para reclamar justicia social.

 

Imposibilidad de desarrollar una cultura alternativa a la oficial, única declarada segura frente a la Covid.  ¿Será la subvención o el control, cuando no organización institucional, lo que crea defensas frente a la pandemia?

 

En fin, que no estoy dispuesto a sacrificar a nuestra juventud en pos del capital ni a convertirme en una mera máquina de trabajar y consumir.  Cabreado me tienen.

domingo, 23 de agosto de 2020

Casa deshabitada, casa okupada

Oye, que la cosa está mucho peor de lo que dicen en las noticias.  Y no creas que es algo que me han contado.  Que te lo digo yo, que me ha pasado a mí, que no hablo de que alguien me ha dicho que le han dicho o que le ha pasado, no.  Esto me pasó a mí y es muy gordo.

 

Fue hace ya una semana.  Como cada día fui a bajar la basura.  Con lo puesto y el móvil, que yo el móvil no lo suelto ni para ir al baño.  Bueno al baño es donde siempre lo llevo.  Pero no quiero despistarme de lo que te quiero explicar.

 

Bajé la basura.  Fui hasta el contenedor que, como sabes, está como a veinte metros de casa y, tonto de mí, nunca cierro la puerta de entrada, ni la del piso.  Si total, es un momento de nada.  Y además mi mujer, mi amorsote querido estaba en casa, así que, ¿para qué narices iba a cerrar la puerta?  Total, que cuando vuelvo de tirar la basura me encuentro con el portal cerrado y yo venga a llamar al timbre y dale, que dale y nada, de nada.  Que se me habían metido los okupas en casa, joder.  Y yo sin llave.  ¿Cómo iba a pensar yo que tenía que llevarme llave y cerrar la puerta porque en cuanto sales de casa, ¡zas!, viene un okupa y se te mete y no hay forma de sacarlo.  ¿Y mi chica?  ¿Qué habrán hecho con ella?

 

Después de tocar infructuosamente al timbre y de llamar al teléfono de mi señora, que daba como que estaba apagado o fuera de cobertura, llamé a la policía.  ¿Qué creéis que hizo la policía?  ¡Na-da!  Eso es lo que hacen con la pobre gente como yo.  No me hicieron ni caso y mira que describí la situación con pelos y señales.  Diría que hasta oí unas risitas al otro lado del teléfono.

 

Visto que la policía no estaba de mi parte me decidí a buscar a una gente que me habían dicho que “trabajaban” al margen de la ley y que eran muy eficaces en su cometido: Desokupa, se llaman; y estos sí me hicieron caso enseguida.  No quisieron siquiera detalles de lo sucedido.  En un decir Jesús ya estaban en el portal de casa dos señores enormes y tope mazados.  Oye, que daba gozo verlos.  Todos esos músculos y esa ropa apretada que marcaba todo.  Como para no asustarse si vienen a por ti.

 

     Tranquilo— me dijeron— vamos a sacar a esos hijos de puta de tu casa.  Apártate por si hay un poco de baile.

 

Crucé al otro lado de la calle para dejarles hacer tranquilamente su trabajo.  En un pis pas consiguieron abrir el portal y se metieron y yo confié plenamente en la profesionalidad de esos individuos capaces de dejar todo cuanto pudieran estar haciendo para atender mi llamada y colarse en mi casa como si fuera la casita de paja de uno de los tres cerditos.

 

Pasó una hora, dos, doce y se hizo muy de día.  El calor ya empezaba a apretar cuando pude ver que salían los dos “armarios roperos” de mi casa.  Me acerqué a ellos y la primera impresión es que ya no tenían ese aspecto de fascistas asesinos con el que llegaron.  De hecho, parecían dos dulces criaturas satisfechas de la vida.

 

     ¿Y bien?

     Bueno, esto es más complicado de lo que creíamos.  Vamos a necesitar volver varias veces para poder desalojar a la…, a los okupas esos.

     Pero esto es una vergüenza, ¡es mi casa!

     Claro, claro, pero el gobierno ya sabes que solo apoya a los okupas y a la pobre gente trabajadora que nos hemos dejado la vida para poder tener un techo, nos dejan de lado.

 

Y oye, que así llevo ya una semana viviendo en un hostal junto a mi casa, recibiendo casi a diario a los muchachos de desokupa y esos putos okupas viviendo a cuerpo de rey en mi salón, mi cama, mi cocina…  Pero no sigo sino me dan ganas de echarme a llorar.  Tan solo quiero decir una cosa a favor de los okupas estos, porque lo cortés no quita lo valiente, y es que por lo menos tienen algo de corazón, ya que me dejaron una maleta en la puerta con buena parte de mi ropa y mi cartera…  Lo que más me preocupa, de todas formas, es ¿dónde se habrá metido mi mujer?

domingo, 10 de mayo de 2020

Funcionarios


Independientemente del color de gobierno de turno, uno tras otro, absolutamente todos han jugado la baza de los funcionarios con frases tan del gusto popular como: son unos vagos, se aprovechan de que no los pueden despedir, no sirven para nada, hay demasiados, cobran mucho, es insostenible mantener una administración tan hinchada y un largo etcétera de eslóganes, estos sí, de corte populista.

Así las cosas, un gobierno tras otro ha usado el comodín del funcionario para decir que aplicaba recortes para “ahorrar dinero de todos los españoles”, que es como el chocolate del loro, que, por si alguien no lo sabe, consiste en, recortar los gastos de casa, dejando de dar chocolatinas al pobre loro.

Estos recortes han consistido tanto en pérdidas de pagas extras (cierto que después se abonaron, con la consiguiente disminución de ingresos debido a la inflación) en congelaciones salariales, año tras año, recortes en días de descanso y, lo más peligroso, en la no reposición y, como les gusta decir a los políticos, la amortización de las plazas vacantes; esto es, cuando alguien se jubilaba, no solo no cubrían la plaza, sino que la eliminaban.  Todo esto aplaudido por la masa enfervorecida que descargaba su impotencia sobre la propia clase trabajadora, que, lo creas o no, es lo que acabamos siendo lxs funcionarixs.

Nuestras reivindicaciones, cierto que tibias en algunos casos, eran vistas como una pataleta de una clase privilegiada, pero nada más lejos de la realidad y esta crisis ecológica, sanitaria, social y económica nos está dando la razón a quienes íbamos más allá de la mera oposición a la pérdida de ingresos.  Realmente lo que veíamos y lo que se estaba reivindicando era que no se renunciara, por parte del Estado, a la capacidad de atender las demandas de la población como merecen.

El adelgazamiento de la administración, perdón.  El adelgazamiento de la masa trabajadora de la administración (la clase política no ha sufrido nunca estos ataques, ya que nadie es tan idiota como para legislar en su contra) ha tenido como consecuencia que estuviéramos trabajando siempre al límite de nuestras capacidades, es decir, con lo justo para ir tirando.  En el momento en que ha aparecido un problema de calado es cuando ha emergido la realidad del colectivo laboral de la administración y no solamente el sanitario del que tanto se ha hablado.

En realidad, el que no puedas recibir el pago del ERTE que necesitas sí o sí, se debe a la carencia del personal necesario para llevar a cabo la labor que se demanda.  Porque cada vez que aparece el presidente o el ministro de turno a anunciar una nueva prestación, no está escribiendo una carta a los reyes magos, o no debería creer que lo está haciendo, lo que realmente está proponiendo es movilizar a un colectivo de personas trabajadoras que han de llevar a cabo la tarea de que recibas esas prestaciones en tiempo y forma.

De poco sirve, ahora, aumentar la contratación de personal laboral de refuerzo, puesto que el desempeño de la tarea requiere de una formación y una profesionalización que no se adquiere en unos pocos días, necesita recorrido como en cualquier trabajo mínimamente especializado.

Así que cuando te alegres por los recortes que sufrimos lxs funcionarixs, piensa que en realidad somos empleadxs públicxs y por tanto trabajamos para ti, o sea que de lo que te estarás alegrando es de recibir un nefasto servicio por parte de quien debe prestártelo.

Conste que entiendo el enfado que te puede producir el topar con el muro de la administración en determinados momentos en que esperas que te responda, y que la cara visible de ese muro seamos lxs pringadxs de turno que estamos frente a ti.  Con eso bregamos todos los días y lo tenemos más que asumido.  Pero no puedes olvidar que mereces una administración que pueda tramitar y ofrecerte un servicio de calidad y justo.  No debes dejar que te expongan a una administración incompetente y carente de recursos, porque sin buenas personas profesionales y que pueda gestionar escrupulosamente su trabajo vas a quedar en desamparo.

Tampoco el discurso de la privatización de determinadas áreas o prestaciones contribuye en absoluto a hacer el trabajo eficaz.  A lo único que contribuye es a que alguien se lucre con lo que debería ser público y utilizará cuanto esté a su alcance para ganar más y más dinero.  Basta echar una mirada a lo sucedido en las residencias de ancianos o en los hospitales.  Pero sin tener que recurrir a esos ámbitos, hay otros ejemplos que puedes conocer muy bien, me refiero a las bajas gestionadas desde las mutuas o los ceses de actividad de los autónomos también gestionados por estas entidades sin, supuestamente, ánimo de lucro.

No permitamos que la incompetencia de los políticos se cubra con la privatización de la administración pública.  No permitamos, bajo ningún concepto, la pérdida de calidad de los servicios públicos.  Peleemos ahora y siempre por unos servicios públicos de calidad y, añadiría, autogestionados.  Mereces, merecemos, que nuestros derechos no se vean mermados por la precariedad laboral y el falso ahorro.  No podemos permitirnos el lujo de renunciar a lo nuestro, a lo que nos pertenece porque lo pagamos entre todxs y porque es la forma más justa y solidaria de facilitarnos el apoyo mutuo necesario para tener una vida digna.  Y, sobre todo, porque lo público es, o debe ser, un bien social y no un bien lucrativo que es lo que, la final, representa la iniciativa privada.