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miércoles, 17 de febrero de 2021

Decisión salomónica

 

Hubo en tiempos un rey que quería partir a un chiquillo en dos.  Bueno, no se sabe muy bien si era un chiquillo o una chiquilla, lo que sí está claro es que el rey estaba empeñado en partir por la mitad a la criatura.

 

En realidad, la historia comienza con una discusión entre dos muchachas que afirmaban ser las madres de la criatura y de ahí la disputa.  El rey, que era un metiche, quiso intervenir y escuchadas ambas partes, decidió que lo más sensato era partir el objeto de la disputa por la mitad y dar una parte a cada una de las implicadas.  Así que, ni corto, ni perezoso, dijo:

 

     ¡Guardias!, partid a la criatura por la mitad y dad una parte a cada una de las madres, así ambas podrán disfrutar de una maternidad plena.

 

Los supuestos guardias, evidentemente, no partieron a la chiquilla o chiquillo.  Me atrevería a afirmar que ni tan siquiera llegaron a desenfundar la espada que no portaban.  Eso sí, tomaron entre varios al rey y lo acompañaron diligentemente a la consulta psicológica, a ver si un poco de terapia acababa con los delirios de aquel pobre diablo que se creía rey y que había llegado al colmo del paroxismo al erigirse en impartidor de justicia, por la vía de la partición de seres humanos.

 

¿Que qué pasó con las señoras y su discusión?  Bueno, en realidad no existía tal discusión, pero si la hubiera habido, entre cuantos habitaban la villa, hubieran encontrado una solución por la vía del diálogo, el apoyo y los cuidados colectivos.  Vamos, a nadie con dos dedos de frente se le hubiera pasado siquiera por la cabeza, la idea de partir a una chiquillo o chiquilla por la mitad.

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